Angel Ricardo Ricardo Ríos, Comodidad Arquitectónica y plantas carnívoras. Por Leonardo Ramírez

Comodidad Arquitectónica y plantas carnívoras

Por Leonardo Ramírez

En medio de una exótica, prodigiosa y abundante maraña de líneas, cromatismo y volumetría, las obras de Ángel Ricado Ricardo Ríos (Holguín, Cuba, 1965), forman un contrastado y expandido espacio de edificios ambulantes, naturaleza salvaje que se desborda en los espacios bidimensionales de sus lienzos y en sus particulares síntesis tridimensionales que aluden directamente al diseño de mobiliario más emblemático de la posmodernidad.

La fluidez en las formas de sus piezas atraen inmediatamente al espectador por su vigoroso sentido arquitectónico y una particular explosión tropical en forma de abundantes e irresistibles materiales que permiten ciertas posibilidades de interacción, transportando la solidez de los muebles de uso cotidiano a un mundo de superficies permeables y ángulos inverosímiles. Ríos sugiere que su obra adiciona al valor estético del objeto una inusitada funcionalidad doméstica y reacciona con sutileza al consumo y fetichización del diseño utilizando sólo los residuos de este. Parece que el eclectisismo es el motivo principal de sus obras, insertando elementos tradicionales de la arquitectura a sus esculturas, estableciendo un nuevo sentido, exaltando los valores formales de sus piezas y haciendo que sus nuevos signos tengan el objetivo de codificar y expresar la esencia doméstica de su contenido.

Por ejemplo, las piezas; Rossi, 1999, La flor, 2000, La nube, 2003, El bostezo 2004 y Cuernavaca, 2007, funcionan como meditaciones formales sobre el acto de sentarse. El asiento se convierte en un punto focal gracias a la mediación que se establece a partir de un espacio imaginado, aludido y un objeto funcional, en ambos casos la importancia del objeto se divide entre la alusión arquitectónica o espacial del diseño de la pieza, así como en una sorpresiva y reversible metamorfosis que hace que estos objetos se adapten a condiciones utilitarias, sin olvidar su sentido de espacialidad escultórica y su función como estructuras que mezclan lo público y lo privado, así como lo histórico lo fantástico y lo contemporáneo.

Entrar en un espacio invadido con las piezas tridimensionales de Ríos, nos da la sensación de haber accedido a una maqueta que se expande, una ciudad pequeña de edificios que se mueven con facilidad y ligereza, haciendo que optemos por una visualidad aérea y veamos cómo ésta cambia su enfoque a una unión que se basa en la Innovación y la deconstrucción, consiguiendo cuestionar racionalmente las reglas y planteamientos que ya existen en torno al confort, lo arquitectónico, lo monumental o lo ergonómico, valiéndose del conocimiento previo de los cánones estéticos y de la composición, así como de la gramática y la sintaxis del diseño para generar propuestas que se contraponen a la noción de lo escultural, operando una y otra vez dentro y fuera del mundo del arte. Cómo ejemplos podemos mencionar las piezas; Downtown, (2009), Casa cómoda I, II, III, IV y V (1994), La casa de la cascada (2004) y Escultura doméstica (1997).

Entonces, no es absurdo pensar que las pinturas de Ángel Ricardo son teatrales en tres direcciones: en un sentido inmanente como el descrito en el párrafo anterior (como toda pintura, por supuesto); porque han cargado con la herencia discursiva de su autor; y por la propia metodología barroca (por supuesto, llena de teatralidad) que ha devenido su poética, o viceversa (¡Sabrá Dios!): hiperbólica, excesiva, derrochadora y sensual.

¿Pero, qué sucede con la pintura y el dibujo?

Las líneas de sus cuadros se oscurecen, los motivos se multiplican hasta formar enormes cúmulos de objetos de apariencia más o menos reconocibles, cojines circulares, soportes rectangulares, tubérculos enrojecidos, humo, líquido seminal, nubes cargadas de rojos, amarillos, azules, rosas y naranjas que chorrean, necesitando espacio para crecer en monstruosas ramificaciones que no toleran las limitaciones del rectángulo que habitan.

En este sentido las imágenes de sus pinturas y dibujos adquieren un carácter amenazante y virulento, como un jardín salvaje, creciendo desordenadamente, de forma orgánica e interminable, en un mundo alterno que parece estar construyéndose con cada minuto que transcurre. Sus imágenes, en lugar de alinearse a un espacio que las determine, se sitúan en una encrucijada, algo como un acuerdo de contrarios que no les permite ser sintéticas o estables sino permanecer en un complejo estado de movilidad perpetua no discernible, evidenciando el carácter contradictorio de sus formas, cromatismo y sensualidad.

En estos espacios conviven estudios para piezas tridimensionales, parajes devastados por una voraz creatura textil en medio de cielos ácidos, lúbricos organismos negros que violentan superficies mullidas y escupen residuos acuosos, como un organismo que se auto-consume cuando termina con todo a su paso, ramificaciones frutales suspendidas en espacios indeterminados como creaciones recién nacidas; un funcionamiento tangencial que traza una línea donde confluyen los opuestos representando un mundo artificial que combina diferentes fuentes y estrategias pictóricas ofreciéndole al espectador una singular mirada de este particular jardín de plantas carnívoras.

Leonardo Ramírez
Abril de 2013.

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