Entrevista con Alfonso Mena: Me da risa la teoría de que la pintura ha muerto.

Alfonso Mena: “Me da risa la teoría de que la pintura ha muerto”

Cinco años en la Gran Manzana, cinco años de búsqueda y trabajo es lo que hay detrás de La historia de las cosas, nueva colección de piezas de Alfonso Mena (Ciudad de México, 1961) que se exhibirá hasta el 27 de mayo en la galería Pi de la capital del país.

Se trata de una selección de 63 obras, entre pintura, dibujo, collage, arte objeto y video, todas respetando el ejercicio de un creador que encuentra en el arte abstracto su canal de expresión.

“Me interesaba trabajar sobre la manera en que almacenamos información”, comenta Mena en entrevista. Y añade: “El título lo tomé de Fray Bernardino de Sahagún, quien junto con Humboldt es de los primeros enciclopedistas de América. Siempre me ha interesado integrar la filosofía y el pensamiento a la pintura y al dibujo”.

A través de diversos materiales y texturas, el artista arma un discurso sostenido en tres ejes: seducción, razón e historia de las cosas.

Para consolidar su propuesta fue necesario poner distancia de por medio y salir del país: “Quería darle un giro a mi trabajo y ver a México desde afuera. Gracias a esto me pude ver de lejos y confrontar mi obra con otra mentalidad. Nueva York es multicultural y eso abre tu perspectiva. Inclusive a la gente de mi generación la pude ver de otra manera, a nivel con conceptos. No es que sean mejores o peores, sino que agregué cosas”.

Se dice que el arte mexicano es localista. ¿Qué piensa?

Lo es en cierto sentido. Este es de los pocos países que protege a sus artistas. Pienso en las becas y estímulos que vuelven a México un lugar cómodo. Otro ejemplo de localismo lo marcan las subastas, pues resaltan la diferencia entre “arte internacional” y “arte latinoamericano”, cuando podrían meterlos en la misma categoría. Por otro lado, en términos de lenguajes se manejan conceptos universales a la par de cualquier otro lado. Por ejemplo, las generaciones jóvenes vienen más preparadas y con más posibilidades en cuanto a cultura general; no es que las nuestras no las tengan, sino que internet las ha revolucionado, ahora puedes acceder a cualquier cosa.

El vínculo de Alfonso Mena con el arte ocurrió desde pequeño. Su padre, dueño de papelerías de arte, lo puso en contacto con los materiales para pintar. “Siempre me gustó dibujar y gracias a mi papá tuve acceso a pinceles, lienzos y papel. Recuerdo que cuando entré a La Esmeralda me sorprendía que los demás cuidaran tanto su hoja, pues para mí era normal usar una tras otra. Todo eso contribuyó a que tuviera aprecio por los materiales y a la vez me dio libertad, porque no me daba pena echar a perder. Aun así, en términos de conocimientos de arte era un ignorante. Fue en la escuela donde descubrí el mundo de la pintura”.

A la par de su formación plástica estudió Arquitectura. No obstante, la pintura terminó por ganar terreno. “La pintura es un mundo enorme, y una responsabilidad, porque comunicas. Es el registro de la época”.

¿En qué momento descubre la abstracción como el estilo donde se siente más cómodo?

Siempre me interesó la abstracción. No me gusta la obviedad, me interesa que el material hable por sí solo. Hago una reconstrucción, parto de lo real; pero me gusta que el espectador descubra y lea algo. El primer pintor que me interesó mucho fue Paul Klee, que no es tan abstracto; esto tampoco quiere decir que esté peleado con lo figurativo, si un día lo necesito seguramente lo usaré.

De Kandinsky a Rothko, el abstraccionismo se distingue por una fuerte carga sicológica y filosófica en la imagen. Las piezas de Alfonso Mena se suman a esta tradición: “Me interesa la filosofía, en especial autores como Baudrillard. De hecho, en esta exposición trabajo con conceptos netamente baudrillardianos, como la simulación. Soy un convencido de la riqueza y fuerza de la palabra. Tengo una serie de nombre Nightmare. Borges decía que el mejor idioma para nombrar a las pesadillas es el inglés, porque literalmente quiere decir “la yegua de la noche”; es decir, tiene un significado tan bonito como terrorífico”.

Alfabetos antiguos, partituras y rizomas fundidos a los trazos y las texturas logradas por la superposición de capas o planos, así como manejo de los colores, son elementos por medio de cuales el artista le habla al espectador. Sobre su obra, la crítica Raquel Tibol ha dicho: “Utiliza el arte como un medio de reflexión espiritual y estética. Va estableciendo un lenguaje metafórico. Su entramado de manchas, planos, escurrimientos y collages instala puentes no sólo entre nuestros sentidos y los suyos, sino que actúa como un Cicerone que nos guía por caminos de un proceso mental que se ha producido en él y que se anularía si no es trasmitido, trasferido a nuestros ojos y a nuestra razón”.

Disciplinado hasta la médula, Mena reconoce que la importancia del oficio es vital para el artista, siempre y cuando se combine con trabajo y rigor: “Cada cuadro tiene sus códigos internos. Lo difícil de la pintura es saber terminarla. Empezar es fácil. En la escuela hablaban del miedo al lienzo en blanco, pero ahora es el miedo a la cantidad de cosas que ves en la tela. La cuestión es cómo hacer algo diferente cuando tienes tanta información. Buena parte del trabajo de un cuadro es observarlo. Tengo 15 años pintando, de modo que en cuestión formal y de realización ya sé lo que quiero. Me da risa la teoría de que la pintura ha muerto. No creo que desaparezca, porque la pintura es un lenguaje”.

Hector González
Entrevista con Alfonso Mena: “Me da risa la teoría de que la pintura ha muerto”
Revista Vértigo. México 2011. No. 526. Pág. 66

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