Roberto Fabelo, Biografía

Con una fructífera carrera profesional, que abarca prácticamente todas las manifestaciones de las artes visuales, se ubica entre los creadores más reconocidos de la esfera contemporánea cubana. Pintor, escultor, dibujante e ilustrador en muy diversos soportes (papel, madera, arcilla, metal o tela) es identificado sobre todo por su exquisito trazo, así como la creación de un universo peculiar, habitado por criaturas irreales y a veces grotescas, que casi siempre nos regalan metáforas alucinantes sobre la realidad.

INICIOS

Nacimiento y estudios:
Nació en Guáimaro, Camagüey, el 28 de enero de 1950. Su infancia transcurrió en ese pueblo donde dicen que mostró desde bien temprano pasión por el dibujo. Como él mismo ha contado en varias entrevistas, desde entonces ha padecido de “grafomanía”, porque lo que comenzó siendo una acción de disfrute devino poco a poco en vicio incontenible. Comprendió rápido que cualquier soporte era bueno para hacer fluir su imaginación y pintar, en tanto probaba las más diversas herramientas: lápiz, carboncillo, tinta, o lo que apareciera. También supo pronto que necesitaría de estudios especializados, y tras concluir la enseñanza primaria viajó a La Habana en busca de una formación más académica en la Escuela Nacional de Arte (ENA). Sus padres y familia lo alentaron, en tanto que las circunstancias que se vivían por aquellos años en Cuba también fueron determinantes para el impulso de su carrera. De hecho, perteneció a una de las primeras generaciones de egresados de la ENA, en los años 70 del pasado siglo (1967-1972), calificada incluso por algunos especialistas como la “generación de la esperanza cierta”. Sobre aquellos años y lo que significaron, el artista ha expresado: “Una de las cosas decisivas que me ocurrieron cuando matriculé en la Escuela de Arte es que, apenas comenzando, tuve contacto con importantes profesores como Antonia Eiriz, Servando Cabrera y otros que no eran grandes artistas como ellos, pero fueron excelentes maestros”. Luego, tras otros cinco años de superación y muy similares experiencias formativas, se gradúo en 1981 en el Instituto Superior de Arte (ISA), como parte de esa misma generación prometedora que ha regalado a Cuba tantos artistas plásticos de renombre.
Formación e influencias:
Recién graduado del ISA, ya Fabelo era considerado entre las figuras “promesa” de la entonces joven plástica cubana, pues sus dibujos aparecían en exposiciones, revistas y libros, además de que contaba con varios premios en salones nacionales, e incluso internacionales. Uno de sus rasgos distintivos, mantenido en el tiempo, es que desde entonces lucía empeñado en la figuración: representaba el cuerpo humano en posturas extrañas y creaba seres algo raros. Aparentemente, su obra no se relacionaba con las tendencias renovadoras del momento, defendía una especie de “clasicismo figurativo” en el que se adivinaban influencias de la pintura española, sobre todo de dos grandes maestros: Velázquez y Goya. Sin embargo, aún le faltaban otros rudimentos y muchos influjos; un largo proceso de aprendizaje que, como han dicho varios críticos, lo llevó a encontrar sus propios “ángeles y demonios”. En ese camino, estudió a fondo la tradición pictórica cubana, asentada en muy fuertes raíces, para terminar identificándose con creadores puntuales, como Fidelio Ponce de Léon y sus figuras espectrales, en la que domina un áspero expresionismo pero al mismo tiempo una honda poesía. Según  el periodista y escritor Leonardo Padura, quien conoce bien al artista, lo “grotesco”, que emergió en su obra por vía natural y empezó a expresarse en series tan tempranas como “Imagen de lo popular” o “Fragmentos vitales” (ambas presentadas en la década de los 80) devino luego en un concepto cada vez más depurado, en el que ya se manifestaban muchas “segundas y terceras intenciones”.

OBRA

Aunque utiliza elementos del surrealismo, e igualmente del expresionismo más crudo, resulta difícil encasillarlo en un movimiento específico o ponerle una etiqueta, porque Fabelo tiene su propio sello y estilo muy personal. Se ha enfocado en analizar la condición humana y sus muchos lastres. De ahí parece haber salido ese escenario fantástico de seres y bestias distorsionados, de peculiares personajes que habitan el sueño alucinante que son sus dibujos, pinturas y esculturas. Por otra parte, en su larga trayectoria profesional este creador no ha reparado en variaciones estilísticas, y se ha movido por todas las alternativas y formatos; primero, entre el dibujo y la pintura, luego incorporó otras prácticas como la instalación  y el collage; además de haberse probado con absoluto éxito en la escultura. Desde cualquier soporte, técnica o estructura, sus obras evocan un ambiente pleno de sugerencias y erotismo en el cual coexisten diferentes niveles de lectura y expresivos rasgos, valiéndose siempre de la sensualidad de la línea suelta y espontánea, para procurar que en su conjunto la pieza posea un matiz decorativo y al mismo tiempo una sugestiva atmósfera.
Del dibujo y la pintura
Sobre su más enfermiza “obsesión”, el propio Fabelo ha explicado: “Soy un vicioso del dibujo y no he podido curarme. Hoy pinto, hago esculturas, ensamblo cosas, pero el dibujo es de a diario: dosis de por vida”. De hecho, fue con sus dibujos que empezó a ser reconocido, porque cuando aún su concepto no había madurado la mayoría de los críticos y conocedores ponderaban la exquisitez formal de sus trazos, la seguridad de su mano. También dibujadas llegaron sus primeras cabezas extrañas. En un completo artículo sobre el artista (1), el propio Leonardo Padura apunta que surgían de improviso, al parecer sin ningún esfuerzo. “Resultaban la más visible evidencia del nacimiento de una estética personal”, apunta Padura. “Por eso ahora es fácil advertir que una cabeza (la cabeza) es la representación que mejor resume el arte pictórico de Roberto Fabelo. Alrededor de este núcleo del cuerpo humano, el artista ha desarrollado, durante muchos años, las más diversas variaciones figurativas en una búsqueda de historias, sentimientos y actitudes humanas. Porque las cabezas de Fabelo nunca son fotográficas: son narrativas, y en ellas siempre hay una expresión que va más allá de la reproducción de rasgos, para entrar en el mundo insondable de la sicología de los personajes que va creando”. (1) Sin abandonar esa expresión por la que se le identifica, el creador fue transitando después a otra manifestación que igualmente lo ha hecho trascender: la pintura. Esto último supuso un lógico paso por la acuarela, incluso con una avalancha de reconocimientos internacionales. Pero hay que decir que entrar a pintar fue para Fabelo un acto de continuidad, de evolución, porque su obra figurativa apenas cambió, la intención conceptual que la guía más bien se enriqueció. El color llegó para reforzarle ideas, para que los formatos se volvieran más grandes. Pintando sobre el lienzo comenzó a agregar torsos, manos y pies a sus tradicionales cabezas, al tiempo que los escenarios imaginarios se volvieron grandes representaciones. El Fabelo pintor parece construir una suerte de monólogos o pequeñas obras de teatro. Las representan sus criaturas grotescas, que ahora conviven, intercambian, se retroalimentan. Lucen lo mismo un gran carnaval que una tragedia de dimensiones muy profundas, espeluznantes casi.
De la ilustración
A partir de las propias conexiones espirituales que fue creando a lo largo de los años, de sus cada vez más numerosos amigos, seguidores y admiradores, se fue forjando la amplia obra de Fabelo como ilustrador. Ha realizado dibujos para más de 40 libros, entre ellos El acoso, novela del narrador cubano Alejo Carpentier, Premio Miguel de Cervantes (España) y Premio Medicis (Francia). También ilustró Máscaras, de Leonardo Padura, Premio Nacional de Literatura de Cuba y Orden de las Artes y las Letras, Francia; Las aventuras de Pinocho, de Carlo Collodi; El amor y los ángeles, de Rafael Alberti; el relato La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada y la novela Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura 1982,  quien además fue amigo entrañable del artista y coleccionista de su obra. Asimismo, ha ilustrado un número significativo de discos para cantautores de reconocimiento internacional, como Érase que se era, de Silvio Rodríguez, Premio Nacional de Música de Cuba y Premio Latino por toda una vida otorgado por la Academia de las Artes y las Ciencias de la Música de España. Dibujó también para Plegaria, de Pablo Milanés, dos veces ganador del Premio Grammy Latino, quien le dedicara la canción llamada Fabelo. En esta relación de menciones no puede olvidarse a Joaquín Sabina, al que regaló dibujos para sus discos Alivio de luto, y Besos con sal, incluidos en el libro Con buena letra del afamado cantautor y poeta español. De esa misma entrañable relación con el mundo de la música, de la que han salido temas y canciones que le rinden homenajes, resulta interesante destacar el hecho de que Leo Brouwer, notable compositor e intérprete cubano, le dedicó en su colección de obras para piano el boceto número 8, titulado Fabelo.

EXPOSICIONES PERSONALES Y COLECTIVAS

A lo largo de su carrera, Fabelo ha llegado a sumar medio centenar de exposiciones personales y ha participado en unas 500 colectivas en más de 30 países. De las primeras, diez han sido realizadas en museos de gran importancia, entre ellos el Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana, Cuba, donde hasta la fecha ha inaugurado cinco muestras individuales: en 1986 durante la Segunda Bienal de la Habana; en 1988 Fragmentos vitales; en 2003 Un poco de mí; en 2005 Mundos, colateral a la Novena Bienal de la Habana; y en el 2009 Sobrevivientes, una intervención en la fachada de la institución que se sumaba a los eventos de la Décima Bienal de La Habana. Mientras que en la actualidad  esa institución cuenta con una colección de  treinta y seis obras del artista. En tanto que las restantes muestras personales se han organizado en Estados Unidos, México, Panamá, Venezuela, Alemania, Dinamarca, España, Grecia, Suecia y Suiza. Sus obras se han incluido en exhibiciones colectivas realizadas en prestigiosas instituciones de Canadá, Estados Unidos, Costa Rica, México, Nicaragua, Panamá, Colombia, Chile, Dominicana, Argentina, Brasil, Alemania, Bélgica, la antigua Checoslovaquia, Dinamarca, España, Finlandia, Francia, Inglaterra, Italia, Luxemburgo, el Principado de Mónaco, Noruega, Polonia, Portugal, Rumanía, Suecia, Suiza, la antigua Yugoslavia, China, India, Japón, Argelia, y por supuesto Cuba.

OBRAS EN COLECCIONES

Numerosas piezas del artista pueden encontrarse hoy en colecciones privadas en 37 países y colecciones institucionales a lo largo y ancho del mundo. En Cuba son atesoradas en el Museo Nacional de Bellas Artes, la Casa de las Américas, el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, el Banco Financiero Internacional, la Oficina del Historiador de la Ciudad, el Miramar Trade Center, la Iglesia de Paula y el Hotel Inglaterra. En tanto que fuera de la isla caribeña son distintivas las colecciones de la Galleria Degli Uffizi, Florencia, Italia; el Museo de Arte Latinoamericano de Los Ángeles (MoLAA), Estados Unidos; el The Cleveland Gallery, Gran Bretaña; el Museo de Arte Moderno de Nueva Delhi, India; el Nordilland Kunstmuseum, Alborg, Dinamarca; el Museo de Arte Moderno y el Museo Universitario del Chopo, ambos en México, D.F.;  el Jordan Schnitzer Museum de Oregon, Estados Unidos; la Fundación Finsole S.P.A., Sicilia, Italia; y la sede cubana de las Naciones Unidas, New York, entre otros.

SUBASTAS

Desde el año 1998, y luego durante toda la primera década del siglo XX, han sido muy diversas las obras de Fabelo que se han presentado en subastas realizadas sobre todo en Estados Unidos, España, y por supuesto Cuba. Se han engrosado así las colecciones privadas que existen del artista. Ver más en: Resultados en Subastas

TRAYECTORIA, PREMIOS Y RECONOCIMIENTOS

Desde la época en que hacía su Servicio Social hasta la fecha, Fabelo ha ejercido la docencia en los tres niveles de enseñanza artística en Cuba, siendo ésta otra de las actividades que asegura disfrutar plenamente. También ha impartido conferencias en los más disímiles eventos y presentaciones, especializados o no, y ha ejercido como jurado de numerosos concursos de artes visuales en Cuba y el Mundo. Es miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y de la Asociación Internacional de Artistas Plásticos (AIAP). En Cuba en particular, ha sido merecedor del Premio Nacional de Artes Plásticas 2004, así como de la Distinción por la Cultura Nacional que otorga el Ministerio de Cultura. Resultó reconocido asimismo con la Medalla Abel Santamaría, la Medalla Alejo Carpentier y la Orden Juan Marinello, impuestas por el Consejo de Estado de la República de Cuba. Recibió también la Placa Conmemorativa por el 480 Aniversario de la Fundación de la Villa de San Cristóbal de La Habana y le fue otorgado el Diploma al Mérito Artístico por el Instituto Superior de Arte de La Habana. En 2007 la rectoría del propio ISA le entregó la categoría especial de profesor consultante. A nivel internacional, entre las distinciones recibidas destacan el Premio UNESCO para la Promoción de las Artes Plásticas en París, Francia; el Premio Adquisición III Trienal de Arte Contemporáneo en Nueva Delhi, India, 1978; el Premio de Dibujo en Intergraphik, Berlín, Alemania; el Premio en la IX Exposición de Dibujo, Rijeka, Yugoslavia; y el Premio Internacional de Dibujo en la Primera Bienal de La Habana, todos estos en 1984. En 1993 Fabelo recibió el Primer Premio en la XI Bienal Internacional de Dibujo de Cleveland, Gran Bretaña; y en 1996 el Primer Premio en la I Bienal Iberoamericana de Acuarela, Viña del Mar, Chile. (1)Tomado de Opus Habana, V. II, No. 3, 1998, pp. 32-39